Retrato de Luis Arencibia tomado de la Revista Ñácate
Leopoldo María Panero Blanc
El último poeta maldito
«El cigarrillo, dios de la vida, dios de los suicidas»
AQUÍ ESTOY YO, LEOPOLDO MARÍA PANERO
(Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul, 2004)
[Autorretrato, familia]
Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero hijo de padre borracho y hermano de un suicida perseguido por los pájaros y los recuerdos que me acechan cada mañana escondidos entre los matorrales gritando por que termine la memoria y el recuerdo se vuelva azul, y gima rezándole a la nada porque muera.
Recitado por el propio autor
LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI
(Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul, 2004)
[Autorretrato, identidad, España]
«Fifteen men on the Dead Man's Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»
Canción pirata
Fumo mucho. Demasiado. Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio, y oigo pasar la vida como quien pone la radio. Fumo mucho. En el cenicero hay ideas y poemas y voces de amigos que no tengo. Y tengo la boca llena de sangre, y sangre que sale de las grietas de mi cráneo y toda mi alma sabe a sangre, sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy, en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños que se mueven ingenuos, torpes, en esta vida que ya sé. Me palpo el pecho de pronto, nervioso, y no siento un corazón. No hay, no existe en nadie esa cosa que llaman corazón sino quizá en el alcohol, en esa sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo, la única sangre en este mundo que no existe que es como el mal programado, o como fábrica de vida o un sastre que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o quizá el reloj y las horas pasan. Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio y mi vida oliendo. Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo y que este cuento es cierto, este absurdo que delatan mis ojos, este delirio en Veracruz, y que este país es cierto este lugar parecido al Infierno, que llaman España, he oído a los muertos que el Infierno es mejor que esto y se parece más. Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos, me digo que estar borracho es no estarlo toda la vida, es estar borracho de vida y no de muerte, es una sangre distinta de esa otra espesa que se cuela por los tejados y por las paredes y los agujeros de la vida. Y es que no hay otra comunión ni otro espasmo que este del vino y ningún otro sexo ni mujer que el vaso de alcohol besándome los labios que este vaso de alcohol que llevo en el cerebro, en los pies, en la sangre. Que este vaso de vino oscuro o blanco, de ginebra o de ron o lo que sea —ginebra y cerveza, por ejemplo— que es como la infancia, y no es huida, ni evasión, ni sueño sino la única vida real y todo lo posible y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento a algún ser que es probable que esté ahí la vida de los dioses y unos días soy Caín, y otros un jugador de póker que bebe whisky perfectamente y otros un cazador de dotes que por otra parte he sido pero lo mío es como en Dulce pájaro de juventud un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días, un asesino tímido y psicótico, y otros alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto, en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me recuerdan, dicen con la copa en la mano, hablando mucho, hablando para poder existir de que no hay nada mejor que decirse a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube la marea del vino en la sangre y el alma. O bien alguien perdido en las galerías del espejo buscando a su Novia. Y otras veces soy Abel que tiene un plan perfecto para rescatar la vida y restaurar a los hombres y también a veces lloro por no ser un esclavo negro en el sur, llorando entre las plantaciones! Es tan bella la ruina, tan profunda sé todos sus colores y es como una sinfonía la música del acabamiento, como música que tocan en el más allá, y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol, tengo sangre en los ojos de borracho y el alma invadida de sangre como de una vomitona, y vomito el alma por las mañanas, después de pasar toda la noche jurando frente a una muñeca de goma que existe Dios. Escribir en España no es llorar, es beber, es beber la rabia del que no se resigna a morir en las esquinas, es beber y mal decir, blasfemar contra España contra este país sin dioses pero con estatuas de dioses, es beber en la iglesia con música de órgano es caerse borracho en los recitales y manchas de vino tinto y sangre Le livre des masques de Rémy de Gourmont caerse húmedo babeante y tonto y derrumbarse como un árbol ante los farolillos de esta verbena cultural. Escribir en España es tener hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya no justifica nada ni nadie, ninguna sombra de las que allí había al principio. Y decir al morir, cuando tenga ya en la boca y cabeza la baba del suicidio gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas en este paraíso para espectros y también a los ciervos que he visto en el bosque, y a los pájaros y a los lobos en la calle y acechando en las esquinas «Fifteen men on the Dead Man's Chest Fifteen men on the Dead Man's Chest Yahoo! And a bottle of rum!»
Recitado por Tomás Galindo
EL LOCO
(Last river together, 1980)
[Autorretrato, identidad, familia]
He vivido entre los arrabales, pareciendo un mono, he vivido en la alcantarilla transportando las heces, he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas y aprendido a nutrirme de lo que suelto. Fui una culebra deslizándose por la ruina del hombre, gritando aforismos en pie sobre los muertos, atravesando mares de carne desconocida con mis logaritmos. Y solo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla y que mis padres me sedujeron para ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos. He enseñado a moverse a las larvas sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran. Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar, y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas» y «qué oscuro es tu nombre». He vivido los blancos de la vida, sus equivocaciones, sus olvidos, su torpeza incesante y recuerdo su misterio brutal, y el tentáculo suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies frenéticos de huida. He vivido su tentación, y he vivido el pecado del que nadie cabe nunca nos absuelva.
Recitado por Don Garfialo
Recitado por Tomás Galindo
PERDIDO (SI NO ES AHORA, ¿CUÁNDO MORIRÉ?)
(Last river together, 1980)
[Identidad, muerte, confusión]
«Sta selva selvaggia ed aspra e forte».
(Dante, Infierno)
Si no es ahora, ¿cuándo moriré? Si no es ahora que me he perdido en medio del camino de mi vida, y voy preguntando a los hombres quién soy, y para qué mi nombre, si no es ahora ¿cuándo moriré? Si no es ahora que aúllan los lobos a mi puerta si no es ahora que aúllan los lobos de la muerte si no es ahora que está como caído mi nombre al pie de mí, y boquea, y pregunta a Dios por qué nací: si no es ahora ¿cuándo moriré?
Musicado por Trío Mudo
A FRANCISCO
(Last river together, 1980)
[Amor]
Suave como el peligro atravesaste un día con tu mano imposible la frágil medianoche y tu mano valía mi vida, y muchas vidas y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento. Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida porque eras suave como el peligro, como el peligro de vivir de nuevo.
Recitado por Mauricio Riveros
Recitado por el poeta Ángel Guinda
Musicado por Rafa Mora y Moncho Otero
Recitado y musicado por Enrique Zamorano
CANCIÓN
(El que no ve, 1980)
[Soledad, Dios]
Solo un hombre errando solo. Solo, a solas con Dios un hombre solo en la calle errando a solas con Dios.
Musicado por Trío Mudo
DIARIO DE UN SEDUCTOR
(El que no ve, 1980)
[Deseo]
No es tu sexo lo que en tu sexo busco sino ensuciar tu alma: desflorar con todo el barro de la vida lo que aún no ha vivido.
Recitado por Gustavo Andrés Valdés Acero
CANCIÓN PARA UNA DISCOTECA
(Poesía 1970-1985, 1986)
[Muerte, sexo, droga, rock]
No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll.
Recitado por Francisco Valenzuela Saravia
Musicado por Enrique Bunbury y Carlos Ann
HIMNO A SATÁN
(Poemas del manicomio de Mondragón, 1987)
[Satán, amor]
«Ten piedad de mi larga miseria».
(Charles Baudelaire, Las flores del mal)
Tú que eres tan solo una herida en la pared y un rasguño en la frente que induce suavemente a la muerte: tú ayudas a los débiles mejor que los cristianos tú vienes de las estrellas y odias esta tierra donde moribundos descalzos se dan la mano día tras día buscando entre la mierda la razón de su vida; yo que nací del excremento te amo y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre nuestras faces uniéndonos en un abrazo silencioso y cruel en que como el suicidio, sueño sin ángeles ni mujeres desnudo de todo salvo de tu nombre de tus besos en mi ano y tus caricias en mi cabeza calva rociaremos con vino, orina y sangre
las iglesias
regalo de los magos y debajo del crucifijo aullaremos.
Recitado por Brun (fantomas 2099)
Recitado por Tomás Galindo
Recitado por Malviaje
Recitado por Francisco Valenzuela Saravia
Musicado por Floresvivas
El ángel caído, de Ricardo Bellver (Parque de El Retiro, Madrid). Imagen tomada de Mis fotos de Madrid
LA MONJA ATEA
(Contra España y otros poemas de no amor, 1990)
[Dios]
Las monjas adoran a su Dios que no existe mientras el Papa aprieta el gatillo y dice «Dios no existe»
es una imaginación de la Iglesia que está muriendo poco a poco;
los ateos lloran al pie de una estatua. Y el mundo dice «Dios no existe»
es una imaginación del Papa mientras los ateos lloran y lloran por su belleza perdida
y Dios ya no existe está llorando en el infierno.
Esta es la estatua entera de la nada.
Recitado-musicado por Bunbury
PIEDRA NEGRA
(Piedra negra o del temblar, 1992)
[Familia, muerte]
Señor del mal, ten piedad de mi madre que murió sin sus dos tetas y sobre la que yo escupí, y ahora amo ahora en vano reclamo al país de los muertos que murió envuelta en víboras y víctima de una podredumbre que nos hacía mirarnos a los ojos como dicen que Dios mira a los hombres, con horror con pena del asesino, con tibia extrañeza de la jibia que entre sus manos se retuerce por temor a ser mirada por Dios, y ver en su luz que no merece ni mereció nunca la vida: y que él arroja desde lo alto del cielo a Despeñaperros diciendo: tan alto subió tu orgullo mira ahora que cae igual de rápido. Pero ya voy, madre, a encontrarme con la única mujer que he conocido, y que es la muerte cuyo cuerpo con vicio tantas veces he tocado riéndome de todos mis cadáveres, y que sea la rosa infecunda de la nada, que tantas veces cultivé porque se parecía a la muerte, la que recuerde mis heces a otros condenados a escribir y mear, bajo el sol entero en esta habitación parecida a un retrete donde la crueldad dora la piedra negra en que toda vida acaba, y se celebra tirando de la cadena.
Recitado por Tomás Galindo
UN ÁNGEL PASÓ POR BROOKLYN
[Droga, ciudad]
Imagen de fondo tomada de Pixabay
Recitado-musicado por José María Ponce
ANEXOS
La trayectoria vital de Leopoldo María Panero, marcada decisivamente por su paso por la cárcel (por su militancia en el PCE durante la dictadura franquista), el alcoholismo, las drogas, la depresión y dos intentos de suicidio antes de cumplir los veintiún años, lo condujo a la esquizofrenia. Esta enfermedad determinó su paso por diferentes psiquiátricos (algunos dieron nombre a varios poemas y libros suyos), al principio obligado por su madre a causa del consumo de drogas (hecho por el que le guardó rencor largo tiempo) y luego de forma voluntaria, siendo el de Canarias el último en el que estuvo.
Aunque esté en prosa, te recomiendo que escuches este fragmento de El último manicomio , texto escrito por Leopoldo María Panero en 1981 y publicado íntegramente en el número de diciembre de 2016 de La Marea:
Noticia del fallecimiento de Leopoldo María Panero en TVE:
Retrato de Inmaculada Cuesta Gómez tomado de Arteinformado
Jaime Gil de Biedma y Alba
NO VOLVERÉ A SER JOVEN
(Poemas póstumos, 1968)
[Autorretrato, desesperanza]
Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde —como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería y marcharme entre aplausos —envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra.
Recitado por Gonzalo de Castro
Recitado por el propio autor
Recitado por Bunbury
Musicado por Loquillo y Los Trogloditas
Musicado por Joan Manuel Serrat
Musicado por Miguel Poveda
CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA
(Poemas póstumos, 1968)
[Autorretrato, remordimientos]
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más negro que mi reputación —y ya es decir—, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colmena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento —seguro de gustar— es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
Recitado por el propio autor
Recitado por José Luis Rico
Recitado por Tomás Galindo
Musicado por Joaquín Sabina y Luis Emilio Batallán
Musicado por Alejandro Martínez
T' INTRODUIRE DANS MON HISTOIRE... (LA VIDA A VECES)
(Poemas póstumos, 1968)
[Amor]
La vida a veces es tan breve
y tan completa que un minuto
– cuando me dejo y tú te dejas –
va más aprisa y dura mucho.
La vida a veces es más rica.
Y nos convida a los dos juntos
a su palacio, entre semana,
o los domingos a dar tumbos.
La vida entonces, ya se cuenta
por unidades de amor tuyo,
tan diminutas que se olvidan
en lo feliz, en lo confuso.
La vida a veces es muy poco
y tan intensa -si es tu gusto-
Hasta el dolor que tú me haces
da otro sentido a ser del mundo.
La vida; luego, ya es nosotros
hasta el extremo más inmundo.
Porque quererse es un castigo
y es un abismo vivir juntos.
Recitado de forma coral
Musicado por Goliardos
Musicado por María Dolores Pradera
CANCIÓN DE ANIVERSARIO
(Moralidades, 1966)
[Amor]
Porque son ya seis años desde entonces, porque no hay en la tierra, todavía, nada que sea tan dulce como una habitación para dos, si es tuya y mía; porque hasta el tiempo, ese pariente pobre que conoció mejores días, parece hoy partidario de la felicidad, cantemos, alegría!
Y luego levantémonos más tarde, como domingo. Que la mañana plena se nos vaya en hacer otra vez el amor, pero mejor: de otra manera que la noche no puede imaginarse, mientras el cuarto se nos puebla de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo, y de historia serena.
El eco de los días de placer, el deseo, la música acordada dentro en el corazón, y que yo he puesto apenas en mis poemas, por romántica; todo el perfume, todo el pasado infiel, lo que fue dulce y da nostalgia, ¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces soñabas y soñaba?
La realidad —no demasiado hermosa— con sus inconvenientes de ser dos, sus vergonzosas noches de amor sin deseo y de deseo sin amor, que ni en seis siglos de dormir a solas las pagaríamos. Y con sus transiciones vagas, de la traición al tedio, del tedio a la traición.
La vida no es un sueño, tú ya sabes que tenemos tendencia a olvidarlo. Pero un poco de sueño, no más, un si es no es por esta vez, callándonos el resto de la historia, y un instante —mientras que tú y yo nos deseamos feliz y larga vida en común—, estoy seguro que no puede hacer daño.
Musicado por Silvia Comes y Lidia Pujol
PEEPING TOM
(Moralidades, 1966)
[Amor, deseo, homosexualidad, recuerdos]
Ojos de solitario, muchachito atónito que sorprendí mirándonos en aquel pinarcillo, junto a la Facultad de Letras, hace más de once años,
al ir a separarme, todavía atontado de saliva y de arena, después de revolcarnos los dos medio vestidos, felices como bestias.
Tu recuerdo, es curioso con qué reconcentrada intensidad de símbolo, va unido a aquella historia, mi primera experiencia de amor correspondido.
A veces me pregunto qué habrá sido de ti. Y si ahora en tus noches junto a un cuerpo vuelve la vieja escena y todavía espías nuestros besos.
Así me vuelve a mí desde el pasado, como un grito inconexo, la imagen de tus ojos. Expresión de mi propio deseo.
Musicado por Alejandro Martínez
Musicado por Silvia Comes y Lidia Pujol
Si te ha gustado la poesía de Jaime Gil de Biedma, estás de enhorabuena. Puedes clicar en la caricatura para acceder a una antología de quince poemas suyos recitados por él mismo (aunque alguno ya lo conoces).
Caricatura de Pablo García. Imagen tomada de La Nueva España
Veinticuatro bofetadas. Veinticinco bofetadas; después, mi madre, a la noche, me pondrá en papel de plata.
Guardia civil caminera, dadme unos sorbitos de agua. Agua con peces y barcos. Agua, agua, agua, agua.
¡Ay, mandor de los civiles que estás arriba en tu sala! ¡No habrá pañuelos de seda para limpiarme la cara!
Musicado por Ana Belén
Musicado por El Último Ke Zierre
CANCIÓN DEL MARIQUITA
(Canciones, 1925)
[Protesta, homosexualidad]
El mariquita se peina en su peinador de seda.
Los vecinos se sonríen en sus ventanas postreras.
El mariquita organiza los bucles de su cabeza.
Por los patios gritan loros, surtidores y planetas.
El mariquita se adorna con un jazmín sinvergüenza.
La tarde se pone extraña de peines y enredaderas.
El escándalo temblaba rayado como una cebra.
¡Los mariquitas del Sur, cantan en las azoteas!
Recitado por José Luis Rico y cantado por Ascensión Padilla
Musicado por La Barbería del Sur
ROMANCE DE LA LUNA, LUNA
(Romancero gitano, 1928)
[Muerte]
La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando.
En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos.
Niño déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya, ay como canta en el árbol! Por el cielo va la luna con el niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. el aire la está velando.
Recitado por Joan Mora
Recitado por Miguel Herrero
Musicado por Ana Belén
Musicado por Paco Ibáñez
Musicado por Camarón de la Isla
ROMANCE SONÁMBULO
(Romancero gitano, 1928)
[Muerte, amor, deseo, frustración]
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas.
*
Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.
*
Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, ¡dejadme subir!, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.
*
Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.
*
Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, negro pelo, en esta verde baranda!
*
Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
Dramatizado por Nuria Espert
Recitado por Rafael Alberti
Recitado por Margarita Xirgu. Podcast tomado de poesi.as
Musicado por Ana Belén y Manzanita
Musicado por Manzanita y Ketama
Manuscrito de Federico García Lorca. Imagen tomada de poesi.as
Ilustración de Federico García Lorca. Imagen tomada de poesi.as
ROMANCE DE LA PENA NEGRA
(Romancero gitano, 1928)
[Amor, desamor, deseo, frustración]
Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.
*
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!
Recitado por Don Garfialo
Dramatizado por Eduardo Falces, Ernesto Barrutia y Maite Lorenzo. Guitarra: Erik Deza
Musicado por Fito Páez. Dibujos de Federico García Lorca
Musicado por Ana Belén
Ilustración de Federico García Lorca. Imagen tomada de Bajo el signo de libra
LA AURORA
(Poeta en Nueva York, 1930)
[Protesta, desesperanza, ciudad]
La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca porque allí no hay mañana ni esperanza posible. A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados; saben que van al cieno de números y leyes, a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos en impúdico reto de ciencia sin raíces. Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.
Recitado para Frases de la Vida
Musicado por Loquillo
Musicado por Manolo Tena
Musicado por Enrique Morente y Vicente Amigo
Manuscrito de Federico García Lorca. Imagen tomada de poesi.as
ODA A WALT WHITMAN
(Poeta en Nueva York, 1930)
[Protesta, homosexualidad, ciudad, desolación]
Por el East River y el Bronx los muchachos cantan enseñando sus cinturas, con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo. Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía, ninguno quería ser el río, ninguno amaba las hojas grandes, ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough los muchachos luchaban con la industria, y los judíos vendían al fauno del río la rosa de la circuncisión y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía, ninguno quería ser nube, ninguno buscaba los helechos ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga las poleas rodarán para turbar el cielo; un límite de agujas cercará la memoria y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno, Nueva York de alambres y de muerte. ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? ¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, he dejado de ver tu barba llena de mariposas, ni tus hombros de pana gastados por la luna, ni tus muslos de Apolo virginal, ni tu voz como una columna de ceniza; anciano hermoso como la niebla que gemías igual que un pájaro con el sexo atravesado por una aguja, enemigo del sátiro, enemigo de la vid y amante de los cuerpos bajo la burda tela. Ni un solo momento, hermosura viril que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles, soñabas ser un río y dormir como un río con aquel camarada que pondría en tu pecho un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho, hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman, porque por las azoteas, agrupados en los bares, saliendo en racimos de las alcantarillas, temblando entre las piernas de los chauffeurs o girando en las plataformas del ajenjo, los maricas, Walt Whitman, te señalan.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan sobre tu barba luminosa y casta, rubios del norte, negros de la arena, muchedumbres de gritos y ademanes, como gatos y como las serpientes, los maricas, Walt Whitman, los maricas turbios de lágrimas, carne para fusta, bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos apuntan a la orilla de tu sueño cuando el amigo come tu manzana con un leve sabor de gasolina y el sol canta por los ombligos de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados, ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños, ni la saliva helada, ni las curvas heridas como panza de sapo que llevan los maricas en coches y terrazas mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río, toro y sueño que junte la rueda con el alga, padre de tu agonía, camelia de tu muerte, y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite en la selva de sangre de la mañana próxima. El cielo tiene playas donde evitar la vida y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño. Este es el mundo, amigo, agonía, agonía. Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades, la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises, los ricos dan a sus queridas pequeños moribundos iluminados, y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo por vena de coral o celeste desnudo. Mañana los amores serán rocas y el Tiempo una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman, entra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, ni contra el muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero, ni contra los solitarios de los casinos que beben con asco el agua de la prostitución, ni contra los hombres de mirada verde que aman al hombre y queman sus labios en silencio. Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades, de carne tumefacta y pensamiento inmundo, madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos gotas de sucia muerte con amargo veneno. Contra vosotros siempre, Faeries de Norteamérica, Pájaros de la Habana, Jotos de Méjico, Sarasas de Cádiz, Apios de Sevilla, Cancos de Madrid, Floras de Alicante, Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas! Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores, abiertos en las plazas con fiebre de abanico o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte mana de vuestros ojos y agrupa flores grises en la orilla del cieno. ¡No haya cuartel! ¡Alerta! Que los confundidos, los puros, los clásicos, los señalados, los suplicantes os cierren las puertas de la bacanal.
Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson con la barba hacia el polo y las manos abiertas. Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando camaradas que velen tu gacela sin cuerpo. Duerme, no queda nada. Una danza de muros agita las praderas y América se anega de máquinas y llanto. Quiero que el aire fuerte de la noche más honda quite flores y letras del arco donde duermes y un niño negro anuncie a los blancos del oro la llegada del reino de la espiga.
Musicado por Patxi Andión
Recitado por Jorge Juan Rodríguez
Ilustración de Federico García Lorca. Imagen tomada de poesi.as
LA SANGRE DERRAMADA
(Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, 1935)
[Elegía, muerte]
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada, ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh negro toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
Recitado por Francisco Rabal
EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA
(Sonetos del amor oscuro, 1936)
[Amor, desamor]
Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita y pienso, con la flor que se marchita, que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita. Corazón interior no necesita la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena pues de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura.
Recitado por Joan Mora
Recitado por Irene Escolar
Musicado por Miguel Poveda
Musicado por Amancio Prada
Puedes encontrar un poema más de Federico García Lorca en el anexo «Poesía de Navidad».
ANEXO
Dibujos de Federico García Lorca. Imagen tomada de Bajo el signo de libra