Retrato de Luis Arencibia tomado de la Revista Ñácate
Leopoldo María Panero Blanc
El último poeta maldito
«El cigarrillo, dios de la vida, dios de los suicidas»
AQUÍ ESTOY YO, LEOPOLDO MARÍA PANERO
(Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul, 2004)
[Autorretrato, familia]
Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero hijo de padre borracho y hermano de un suicida perseguido por los pájaros y los recuerdos que me acechan cada mañana escondidos entre los matorrales gritando por que termine la memoria y el recuerdo se vuelva azul, y gima rezándole a la nada porque muera.
Recitado por el propio autor
LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI
(Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul, 2004)
[Autorretrato, identidad, España]
«Fifteen men on the Dead Man's Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»
Canción pirata
Fumo mucho. Demasiado. Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio, y oigo pasar la vida como quien pone la radio. Fumo mucho. En el cenicero hay ideas y poemas y voces de amigos que no tengo. Y tengo la boca llena de sangre, y sangre que sale de las grietas de mi cráneo y toda mi alma sabe a sangre, sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy, en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños que se mueven ingenuos, torpes, en esta vida que ya sé. Me palpo el pecho de pronto, nervioso, y no siento un corazón. No hay, no existe en nadie esa cosa que llaman corazón sino quizá en el alcohol, en esa sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo, la única sangre en este mundo que no existe que es como el mal programado, o como fábrica de vida o un sastre que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o quizá el reloj y las horas pasan. Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio y mi vida oliendo. Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo y que este cuento es cierto, este absurdo que delatan mis ojos, este delirio en Veracruz, y que este país es cierto este lugar parecido al Infierno, que llaman España, he oído a los muertos que el Infierno es mejor que esto y se parece más. Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos, me digo que estar borracho es no estarlo toda la vida, es estar borracho de vida y no de muerte, es una sangre distinta de esa otra espesa que se cuela por los tejados y por las paredes y los agujeros de la vida. Y es que no hay otra comunión ni otro espasmo que este del vino y ningún otro sexo ni mujer que el vaso de alcohol besándome los labios que este vaso de alcohol que llevo en el cerebro, en los pies, en la sangre. Que este vaso de vino oscuro o blanco, de ginebra o de ron o lo que sea —ginebra y cerveza, por ejemplo— que es como la infancia, y no es huida, ni evasión, ni sueño sino la única vida real y todo lo posible y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento a algún ser que es probable que esté ahí la vida de los dioses y unos días soy Caín, y otros un jugador de póker que bebe whisky perfectamente y otros un cazador de dotes que por otra parte he sido pero lo mío es como en Dulce pájaro de juventud un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días, un asesino tímido y psicótico, y otros alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto, en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me recuerdan, dicen con la copa en la mano, hablando mucho, hablando para poder existir de que no hay nada mejor que decirse a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube la marea del vino en la sangre y el alma. O bien alguien perdido en las galerías del espejo buscando a su Novia. Y otras veces soy Abel que tiene un plan perfecto para rescatar la vida y restaurar a los hombres y también a veces lloro por no ser un esclavo negro en el sur, llorando entre las plantaciones! Es tan bella la ruina, tan profunda sé todos sus colores y es como una sinfonía la música del acabamiento, como música que tocan en el más allá, y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol, tengo sangre en los ojos de borracho y el alma invadida de sangre como de una vomitona, y vomito el alma por las mañanas, después de pasar toda la noche jurando frente a una muñeca de goma que existe Dios. Escribir en España no es llorar, es beber, es beber la rabia del que no se resigna a morir en las esquinas, es beber y mal decir, blasfemar contra España contra este país sin dioses pero con estatuas de dioses, es beber en la iglesia con música de órgano es caerse borracho en los recitales y manchas de vino tinto y sangre Le livre des masques de Rémy de Gourmont caerse húmedo babeante y tonto y derrumbarse como un árbol ante los farolillos de esta verbena cultural. Escribir en España es tener hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya no justifica nada ni nadie, ninguna sombra de las que allí había al principio. Y decir al morir, cuando tenga ya en la boca y cabeza la baba del suicidio gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas en este paraíso para espectros y también a los ciervos que he visto en el bosque, y a los pájaros y a los lobos en la calle y acechando en las esquinas «Fifteen men on the Dead Man's Chest Fifteen men on the Dead Man's Chest Yahoo! And a bottle of rum!»
Recitado por Tomás Galindo
EL LOCO
(Last river together, 1980)
[Autorretrato, identidad, familia]
He vivido entre los arrabales, pareciendo un mono, he vivido en la alcantarilla transportando las heces, he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas y aprendido a nutrirme de lo que suelto. Fui una culebra deslizándose por la ruina del hombre, gritando aforismos en pie sobre los muertos, atravesando mares de carne desconocida con mis logaritmos. Y solo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla y que mis padres me sedujeron para ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos. He enseñado a moverse a las larvas sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran. Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar, y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas» y «qué oscuro es tu nombre». He vivido los blancos de la vida, sus equivocaciones, sus olvidos, su torpeza incesante y recuerdo su misterio brutal, y el tentáculo suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies frenéticos de huida. He vivido su tentación, y he vivido el pecado del que nadie cabe nunca nos absuelva.
Recitado por Don Garfialo
Recitado por Tomás Galindo
PERDIDO (SI NO ES AHORA, ¿CUÁNDO MORIRÉ?)
(Last river together, 1980)
[Identidad, muerte, confusión]
«Sta selva selvaggia ed aspra e forte».
(Dante, Infierno)
Si no es ahora, ¿cuándo moriré? Si no es ahora que me he perdido en medio del camino de mi vida, y voy preguntando a los hombres quién soy, y para qué mi nombre, si no es ahora ¿cuándo moriré? Si no es ahora que aúllan los lobos a mi puerta si no es ahora que aúllan los lobos de la muerte si no es ahora que está como caído mi nombre al pie de mí, y boquea, y pregunta a Dios por qué nací: si no es ahora ¿cuándo moriré?
Musicado por Trío Mudo
A FRANCISCO
(Last river together, 1980)
[Amor]
Suave como el peligro atravesaste un día con tu mano imposible la frágil medianoche y tu mano valía mi vida, y muchas vidas y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento. Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida porque eras suave como el peligro, como el peligro de vivir de nuevo.
Recitado por Mauricio Riveros
Recitado por el poeta Ángel Guinda
Musicado por Rafa Mora y Moncho Otero
Recitado y musicado por Enrique Zamorano
CANCIÓN
(El que no ve, 1980)
[Soledad, Dios]
Solo un hombre errando solo. Solo, a solas con Dios un hombre solo en la calle errando a solas con Dios.
Musicado por Trío Mudo
DIARIO DE UN SEDUCTOR
(El que no ve, 1980)
[Deseo]
No es tu sexo lo que en tu sexo busco sino ensuciar tu alma: desflorar con todo el barro de la vida lo que aún no ha vivido.
Recitado por Gustavo Andrés Valdés Acero
CANCIÓN PARA UNA DISCOTECA
(Poesía 1970-1985, 1986)
[Muerte, sexo, droga, rock]
No tenemos fe al otro lado de esta vida sólo espera el rock and roll lo dice la calavera que hay entre mis manos baila, baila el rock and roll para el rock el tiempo y la vida son una miseria el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida sexo, drogas y rock and roll el sol no brilla por el hombre, lo mismo que el sexo y las drogas; la muerte es la cuna del rock and roll. Baila hasta que la muerte te llame y diga suavemente entra entra en el reino del rock and roll.
Recitado por Francisco Valenzuela Saravia
Musicado por Enrique Bunbury y Carlos Ann
HIMNO A SATÁN
(Poemas del manicomio de Mondragón, 1987)
[Satán, amor]
«Ten piedad de mi larga miseria».
(Charles Baudelaire, Las flores del mal)
Tú que eres tan solo una herida en la pared y un rasguño en la frente que induce suavemente a la muerte: tú ayudas a los débiles mejor que los cristianos tú vienes de las estrellas y odias esta tierra donde moribundos descalzos se dan la mano día tras día buscando entre la mierda la razón de su vida; yo que nací del excremento te amo y amo posar sobre tus manos delicadas mis heces.
Tu símbolo es el ciervo y el mío la luna:
que caiga la lluvia sobre nuestras faces uniéndonos en un abrazo silencioso y cruel en que como el suicidio, sueño sin ángeles ni mujeres desnudo de todo salvo de tu nombre de tus besos en mi ano y tus caricias en mi cabeza calva rociaremos con vino, orina y sangre
las iglesias
regalo de los magos y debajo del crucifijo aullaremos.
Recitado por Brun (fantomas 2099)
Recitado por Tomás Galindo
Recitado por Malviaje
Recitado por Francisco Valenzuela Saravia
Musicado por Floresvivas
El ángel caído, de Ricardo Bellver (Parque de El Retiro, Madrid). Imagen tomada de Mis fotos de Madrid
LA MONJA ATEA
(Contra España y otros poemas de no amor, 1990)
[Dios]
Las monjas adoran a su Dios que no existe mientras el Papa aprieta el gatillo y dice «Dios no existe»
es una imaginación de la Iglesia que está muriendo poco a poco;
los ateos lloran al pie de una estatua. Y el mundo dice «Dios no existe»
es una imaginación del Papa mientras los ateos lloran y lloran por su belleza perdida
y Dios ya no existe está llorando en el infierno.
Esta es la estatua entera de la nada.
Recitado-musicado por Bunbury
PIEDRA NEGRA
(Piedra negra o del temblar, 1992)
[Familia, muerte]
Señor del mal, ten piedad de mi madre que murió sin sus dos tetas y sobre la que yo escupí, y ahora amo ahora en vano reclamo al país de los muertos que murió envuelta en víboras y víctima de una podredumbre que nos hacía mirarnos a los ojos como dicen que Dios mira a los hombres, con horror con pena del asesino, con tibia extrañeza de la jibia que entre sus manos se retuerce por temor a ser mirada por Dios, y ver en su luz que no merece ni mereció nunca la vida: y que él arroja desde lo alto del cielo a Despeñaperros diciendo: tan alto subió tu orgullo mira ahora que cae igual de rápido. Pero ya voy, madre, a encontrarme con la única mujer que he conocido, y que es la muerte cuyo cuerpo con vicio tantas veces he tocado riéndome de todos mis cadáveres, y que sea la rosa infecunda de la nada, que tantas veces cultivé porque se parecía a la muerte, la que recuerde mis heces a otros condenados a escribir y mear, bajo el sol entero en esta habitación parecida a un retrete donde la crueldad dora la piedra negra en que toda vida acaba, y se celebra tirando de la cadena.
Recitado por Tomás Galindo
UN ÁNGEL PASÓ POR BROOKLYN
[Droga, ciudad]
Imagen de fondo tomada de Pixabay
Recitado-musicado por José María Ponce
ANEXOS
La trayectoria vital de Leopoldo María Panero, marcada decisivamente por su paso por la cárcel (por su militancia en el PCE durante la dictadura franquista), el alcoholismo, las drogas, la depresión y dos intentos de suicidio antes de cumplir los veintiún años, lo condujo a la esquizofrenia. Esta enfermedad determinó su paso por diferentes psiquiátricos (algunos dieron nombre a varios poemas y libros suyos), al principio obligado por su madre a causa del consumo de drogas (hecho por el que le guardó rencor largo tiempo) y luego de forma voluntaria, siendo el de Canarias el último en el que estuvo.
Aunque esté en prosa, te recomiendo que escuches este fragmento de El último manicomio , texto escrito por Leopoldo María Panero en 1981 y publicado íntegramente en el número de diciembre de 2016 de La Marea:
Noticia del fallecimiento de Leopoldo María Panero en TVE: