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Roger Wolfe (1962)

Retrato del autor tomado de Labitacoradelhombresolitario

Roger Wolfe

«Escribo para gente que no tiene otro sitio en que caerse muerta que la superficie de un poema».

  CAFÉ Y CIGARRILLOS  
(Días perdidos en los transportes públicos, 1992)
[Realismo sucio, poesía urbana, amor]

Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
dulcemente dolorido, como –a veces–
después de un polvo de los buenos.
La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
el ojo ese famoso de Buñuel,
asomada un tanto tenebrosamente
por encima de los árboles.
El coche no me arranca. El parabrisas
es una roca enorme y congelada.
Así que vuelvo a casa andando,
velado el claqueteo de mis pasos
por la luna, la cabeza
llena de café caliente y cigarrillos.
Llego al portal y me detengo,
soplándome en las manos, bajo
el arco de luz que proyecta la ventana
sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.

Y es que un hombre necesita en esta vida
otras cosas que no sean
lunas surrealistas, coches, oscuras
películas de Luis Buñuel.

Recitado por Tomás Galindo

  EN BLANCO Y NEGRO  
(Días perdidos en los transportes públicos, 1992)
[Realismo sucio, poesía urbana, esperanza, sexo]

Imagen de fondo: cartel y fotogramas de la película Lolita, de Stanley Kubrick, basada en la novela del mismo título de Vladimir Nabokov, y protagonizada por James Mason y Sue Lyon. Imágenes encontradas en Google.

  EL EXTRANJERO  
(Hablando de pintura con un ciego, 1993)
[Realismo sucio, poesía urbana, hastío, desesperanza, angustia existencial, muerte]

Imagen de fondo: caricatura de Fiódor Dostoyevski, obra de Tullio Pericoli, tomada de Pinterest

  ODIO  
(Arde Babilonia, 1994)
[Realismo sucio, poesía urbana, odio, familia]

«Me faltan algunos odios todavía.
Estoy seguro de que existen».
Céline

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el locutor deportivo
de la radio del vecino
esos domingos por la tarde.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el macaco de uniforme
que sentencia -arma
al cinto- que el semáforo
no estaba en ámbar, sino en rojo.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el cívico paleto
vestido de payaso
que te dice
que no se permiten perros
en el parque.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con la gente que choca contigo
por la calle
cuando vas cargado
con las bolsas de la compra
o un bidón de queroseno
para una estufa
que en cualquier caso
no funciona.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con los automovilistas
cuando pisas un paso de peatones
y aceleran.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el neandertal en cuyas manos
alguien ha puesto
ese taladro de percusión.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
cuando le dejas un libro a alguien
y te lo devuelve en edición fascicular.

El odio es una edición crítica
de Góngora.

El odio son las campanas
de la iglesia
en mañanas de resaca.

El odio es la familia.

El odio es un cajero
que se niega a darte más billetes
por imposibilidad transitoria
de comunicación con la central.

El odio es una abogada
de oficio
aliándose con el representante
de la ley
a las ocho de la mañana
en una comisaría
mientras sufres un ataque
de hipotermia.

El odio es una úlcera
en un atasco.

El odio son las palomitas
en el cine.

El odio es un cenicero
atestado de cáscaras de pipa.

El odio es un teléfono.

El odio es preguntar por un teléfono
y que te digan que no hay.

El odio es una visita
no solicitada.

El odio es un flautista
aficionado.

El odio
en estado puro
es retroactivo
personal
e intransferible.

El odio es que un estúpido
no entienda
tu incomprensión,
tu estupidez.

El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con este poema
si tu pluma
valiera
su pistola.

Recitado por Tomás Galindo

  NADA DE ESTO TE VIENE EN EL MANUAL  
(Arde Babilonia, 1994)
[Realismo sucio, poesía urbana, desolación]

La ducha no funciona.
La sartén convierte en picadillo
lo que se supone que tenía que ser
nuestra comida. Abro el grifo
del fregadero
y me quedo con él en la mano.
El perro está cojo. La mujer
con la que vivo ha terminado
de ponerse mala de los nervios.
El teléfono no deja de sonar.
(He puesto un contestador
y no he conseguido remediar la situación.
Al revés. El que no sigue llamando
se me presenta directamente en casa
sin previo aviso.)
Hace ocho meses que envié
un manuscrito de hace dos años
a un editor. Me dijo
que me enviaría el contrato
y un anticipo. Y todavía
estoy esperando. Tengo
trescientos folios encima de la mesa
que tendría que haber tenido listos
para hace dos meses por lo menos.
Lo que queda
de la cuenta bancaria
está en rojo.
Duermo cuatro horas, si las duermo,
y aún así no parece haber manera
de ponerse al día.
(Y acordarme de Balzac
no me sirve de gran cosa.)
Me duelen los riñones,
la espalda, los ojos, y me duele
hasta la polla, y eso
que tengo suerte últimamente
si la consigo usar para mear.
(Fui al médico y me preguntó
que cómo me ganaba la vida.
Garabateando, le dije.
Quince horas de promedio
delante del ordenador.
Se encogió de hombros y me dijo
que lo más probable
era que acabara ciego
poco antes de llegar
a los cuarenta.
Luego añadió
que en cuanto a lo otro
no le extrañaría nada
que lo del análisis se tratara
de un quiste hidatídico.
Pero que podría
ser peor.)
Y finalmente llego a casa
y el portero
me comunica
que los del ayuntamiento están a punto
de declarar en ruina el edificio.
Y luego suena el teléfono
una vez más
y un bromista me pregunta
que si estoy escribiendo algo últimamente.
Por supuesto, le digo.
Incluso estoy probando una nueva técnica.
¿Una nueva técnica?
Sí, ¿no la conoces?
Se trata de meterte
un bolígrafo en el culo
y luego hacerte una paja
sentado encima de un papel.
No es realmente
nada nuevo.
Pero optimiza el tiempo que da gusto,
y es catártico, además.
Y aunque no parece demasiado
convencido
hay una cosa
que sí puedo garantizar:
con esa clase de respuestas
te los acabas de quitar de encima
de una vez por todas.
Juro que no vuelven a llamar.
En cuanto a las promesas de inmortalidad
garantizada
que te ofrecen sacándote en sus papeles,
hace tiempo que dejé de preocuparme.
A juzgar por las magnas biografías
de los grandes personajes de la historia
es más que evidente
que con mis ridículos avatares cotidianos
no doy la talla ni de coña.

Recitado por Tomás Galindo

  8 POEMAS EN FORMA DE ARTEFACTO  
(Arde Babilonia, 1994)
[Realismo sucio, poesía urbana, denuncia, protesta, justicia]

1. Sofisma

Y ahora
que estás
en España
que como
ya sabrás
es un país
en el que impera
el Estado
de Derecho
nunca olvides
que tu libertad
termina
donde empieza
la libertad
de los demás
le dijo
el funcionario
del Ministerio
del Interior
al inmigrante
magrebí.

* * *

2. Derecho

Tienes derecho
a expresar
libremente
todo aquello
que te esté permitido decir.

* * *

3. Payaso

Al terrorismo
se le llama
convivencia
si lo ejerce
un payaso
uniformado
con apoyo
de la grey.

* * *

4. Moscas

Los demócratas
han aprendido
de las moscas:
cuanto mayor
sea el tamaño
de la mierda
tanto más grande
es el consenso.

* * *

5. Periodismo

Lanza la mierda
y lávate las manos.

* * *

6. El poder de la palabra

Usté no sabe
con quién
se está metiendo
dijo el borracho
en la
comisaría.

Porque soy
poeta
y fui tocado
por los dioses
con el poder
de la palabra.

Y le partieron
la otra ceja
antes de darle
por el culo
con su propia
estilográfica.

* * *

7. Racismo

No hay color
que no se doblegue
al del dinero.

* * *

8. Compromiso

«¿Eres político, Lou?
¿Político? ¿Con respecto a qué? Dame un tema.
Te daré un pañuelo, y me limpias el culo con él...»
Lou Reed, Take no Prisoners

Hay escritores
que se empeñan
en que los libros
siempre están
en otra parte.

Somalia
Nicaragua
Mongolia
Pernambuco
Sarajevo
qué más da.

Y si te paras
a pensarlo
tiene gracia
porque al final
aciertan
sin saberlo:
cualquier
jodida parte
menos donde ellos
estén.

Recitado por Tomás Galindo

  ME PERMITE  
(Mensajes en botellas rotas, 1996)
[Realismo sucio, poesía urbana, amistad, urbanidad]

«Soy yo. Estaba por aquí
abajo.
Invítame a un café».
«Estoy un poco liado».
«Es igual. Tú sigues
con lo tuyo y yo hablo
de lo mío
con tu mujer».
Ji ji ji.
Qué gracia.
Y para cuando quieres
darte cuenta
la has cagado
una vez más.
«Sube, anda.
Me estaba haciendo falta
descansar cinco minutos...»

Las más elementales faltas
de educación
son las que más me han desarmado
siempre. El proverbial
«Me permite...».
Te lo sueltan
 con la delicadeza
de un revólver
clavado en las costillas.
Perdone.
Me permite.
¿Puedo?
¿Molesto?
¿No te importa? 
En absoluto.
Cómo me va a importar.
Y abres la puerta.
Y entran en tu casa.
Y se comen tu comida.
Y se fuman tu tabaco.
Y se beben
tu café.
Y si no se follan
a tu esposa
y le dan por saco
al perro
es por pura
casualidad.
Dos horas más tarde,
se levantan
se limpian la boca
de la jeta
y se rascan la del culo,
eructan,
encienden un cigarro,
se meten tu mechero
en el bolsillo,
te dan un espaldarazo
y se van.
Silbando
tan alegremente
como el que sale
de una barbería. 
Y tú te quedas
boquiabierto
y derrotado
en medio del desastre
y te acuerdas de su madre,
y de la tuya.
De cómo coño
pudo ser
que entre tantas cosas
inservibles
se olvidara de enseñarte
la más fundamental:
cómo cojones
decir que no.

Recitado por Tomás Galindo


Ángel González (1925-2008)

Retrato de Álvaro Delgado tomado de Música y Poesía

Ángel González Muñiz
PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS 1985
PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA 1996

  PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ  
(Áspero mundo, 1956)
[Autorretrato, identidad, frustración, angustia]

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan solo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

Recitado por Joaquín de la Buelga

Musicado por Pau Sala y Paula Sola

  AQUÍ, MADRID, MIL NOVECIENTOS CINCUENTA Y CUATRO  
(Áspero mundo, 1956)
[Autorretrato, frustración, soledad, hastío]

Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes —y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...—

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

—Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto—.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Explicado y recitado por el propio autor

  DATO BIOGRÁFICO  
(Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, 1977)
[Autorretrato, rareza]

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
—por oscuras razones—
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—
hablan poco en favor de esos ortópteros.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Joaquín de la Buelga

  AYER  
(Sin esperanza, con convencimiento, 1961)
[Paso del tiempo, recuerdos, nostalgia, tristeza]

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido.
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

  ME BASTA ASÍ  
(Palabra sobre palabra, 1965)
[Amor]

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
                                                    entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
                                 Oigo
constelaciones: existes.
                                     Creo en ti.
                                                      Eres.
                                                              Me basta).

Recitado por el propio autor. Guitarra: Paco de Lucía

Recitado por Tomás Galindo

Musicado y recitado conjuntamente por Pedro Guerra y el propio autor

  INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR  
(Tratado de urbanismo, 1967)
[Amor, erotismo, denuncia]

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
—sin interés alguno—
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

Recitado por Joaquín de la Buelga

  A MANO AMADA  
(Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, 1977)
[Amor, desamor, recuerdos]

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Recitado por el propio autor. Videopoema creado por Antártica poética (Carlos Bustamante)

Recitado por Joaquín de la Buelga

Recitado por María Dolores Rosique para KAKVencasa

ANEXOS

Apostaría a que la poesía de Ángel González te ha sorprendido y mucho. Si es así, sigue disfrutando de ella. En este vídeo, encontrarás una antología personal recitada por el propio autor. Toda una joya que no te puedes perder.


Este otro contiene completo el disco La palabra en el aire: poemas de Ángel González recitados por el propio autor y musicados por Pedro Guerra.


Si quieres conocer cómo se inició Ángel González en la poesía, no dejes de ver este otro vídeo.


Y este último es el homenaje que le rindió Joaquín Sabina en su canción Menos dos alas. ¿Quieres saber el por qué del título? Descúbrelo escuchando la canción.



Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

Retrato de 1862 de Valeriano Bécquer (hermano del poeta) tomado de Wikipedia

Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida

  RIMA IV  
(Rimas, 1871)
[Poesía]

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
            habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
            palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
            de fuego y oro vista;
mientras el aire en su regazo lleve
            perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
            ¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
            las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
            que al cálculo resista;
mientras la humanidad siempre avanzando
            no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
            ¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
            sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
            a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
            batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
            ¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
            los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
            al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
            dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
            ¡habrá poesía!

Recitado de forma coral por Ana Conca, Jordi Ballester, Kiti Mánver, Ana Villa, Carlos Olalla, Vicky Peña, Sergio Caballero y Ginés García Millán

Dramatizado por Nueva Acrópolis Bilbao

Recitado por Don Garfialo

Musicado por Benito Moreno

Musicado por César Mingueza

  RIMA XVII  
(Rimas, 1871)
[Amor]

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto... La he visto y me ha mirado...
            ¡Hoy creo en Dios!

Recitado por Dulce Medellín

Musicado por Fran Espinosa

  RIMA XXI  
(Rimas, 1871)
[Poesía, amor]

—¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Recitado por Adriana Ozores

Musicada por Luigi Maráez

  RIMA XXIII  
(Rimas, 1871)
[Amor]

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!

Recitado y signado para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Musicado por Benito Moreno junto con la Rima XXXVIII

  RIMA XXX  
(Rimas, 1871)
[Amor, desamor]

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: «¿Por qué callé aquel día?»
Y ella dirá: «¿Por qué no lloré yo?»

Recitado por Garig

  RIMA XXXVIII  
(Rimas, 1871)
[Desamor]

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
            ¿sabes tú adónde va?

Recitado para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Signado para la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Musicado por Benito Moreno junto con la Rima XXIII

  RIMA XLI  
(Rimas, 1871)
[Desamor]

Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o que abatirme...!
            ¡No pudo ser!

Tú eras el océano; y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén.
¡Tenías que romperte o que arrancarme...!
            ¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
            ¡No pudo ser!

Recitado por Jacpoe3

Recitado para Yunques y Crisoles

  RIMA LII  
(Rimas, 1871)
[Desamor, angustia]

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
            ¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
            ¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
            ¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria...
¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme
            con mi dolor a solas!

Recitado para Frases de la Vida

Musicado por Vicente Monera

  RIMA LIII  
(Rimas, 1871)
[Amor]

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
            jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
            esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas
            sus flores se abrirán;

pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
            esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
            tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
            ¡así... no te querrán!

Recitado por Francisco Valladares

Recitado por Moisés de las Heras Fernández

Musicado por Alberto Cortez

Musicado por Nacha Guevara

Musicado por Paco Ibáñez

  RIMA LVI  
(Rimas, 1871)
[Desesperanza, hastío]

Hoy como ayer, mañana como hoy,
            ¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
            ¡y andar... andar!

Moviéndose a compás, como una estúpida
            máquina, el corazón.
La torpe inteligencia, del cerebro,
            dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
            buscándolo sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
            ignorando por qué.

Voz que incesante, con el mismo tono,
            canta el mismo cantar;
gota de agua monótona que cae
            y cae, sin cesar.

Así van deslizándose los días,
            unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer..., y todos ellos,
            sin gozo ni dolor.

¡Ay!, a veces me acuerdo suspirando
            del antiguo sufrir...
Amargo es el dolor, pero siquiera
            ¡padecer es vivir!

Recitado por Feneté

  RIMA LX  
(Rimas, 1871) 
[Desesperanza, angustia]

Mi vida es un erial;
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

Recitado para Los Libros Nos Hacen Libres

  RIMA LXI  
(Rimas, 1871)
[Soledad, muerte]

Al ver mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
     ¿quién se sentará?

Cuando la trémula mano
tienda, próximo a expirar,
buscando una mano amiga,
    ¿quién la estrechará?

Cuando la muerte vidríe
de mis ojos el cristal,
mis párpados aún abiertos,
    ¿quién los cerrará?

Cuando la campana suene
(si suena en mi funeral)
una oración, al oírla,
    ¿quién murmurará?

Cuando mis pálidos restos
oprima la tierra ya,
sobre la olvidada fosa,
    ¿quién vendrá a llorar?

¿Quién en fin, al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
    quién se acordará?

Recitado para Los Libros Nos Hacen Libres

Musicado por Tirant lo Rock

  RIMA LXIII  
(Rimas, 1871)
[Dolor, recuerdos]

Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirme los recuerdos
de las pasadas horas.

Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!
Me rodean, me acosan,
y unos tras otros a clavarme vienen
el agudo aguijón que el alma encona.

Recitado para Proyecto Bécquer

  RIMA LXVI  
(Rimas, 1871)
[Angustia existencial]

¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

Recitado por Pedro Ojeda Escudero

Musicado por Fran Espinosa

  RIMA LXIX  
(Rimas, 1871)
[Tempus fugit]

Al brillar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!

La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;
¡despertar es morir!

Recitado por Juan Echanove

ANEXO

Si te ha gustado Bécquer y quieres seguir conociendo su poesía, clica en la caricatura y podrás escuchar las Rimas completas recitadas por Alberto Vezendi:

Caricatura de Jorge Luis Ramos Cajo. Imagen tomada de Esencia de Guerrero

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Retrato tomado de huffingtonpost.es

Juan Ramón Jiménez Mantecón
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1956

En los poemas de esta página, se respeta la peculiar ortografía de Juan Ramón Jiménez, quien (como es sabido) no escribía nunca g cuando esta sonaba como j.

  EL VIAJE DEFINITIVO  
(Poemas agrestes, 1910-11)
[Muerte, despedida]

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Recitado por Francisco Valladares

  ESTOY TRISTE, Y MIS OJOS NO LLORAN  
[Tristeza, amor, hastío, soledad, esperanza]

Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Solo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.

Recitado por Rafael Turia

  INTELIJENCIA, DAME  
(Eternidades, 1918)
[Poesía]

Imagen de fondo tomada de Pixabay

  VINO PRIMERO PURA  
(Eternidades, 1918)
[Poesía]

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

… Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Recitado por Martín París

Musicado por Vicente Monera

  YO NO SOY YO  
(Eternidades, 1918)
[Identidad]

Yo no soy yo.
                       Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

Recitado por Tomás Galindo

  LA ÚNICA ROSA  
(Canción, 1935)
[Amor]

Imagen de fondo tomada de Pixabay

  DISTINTO  
(Una colina meridiana, 1950)
[Identidad]

Lo querían matar
los iguales,
porque era distinto.

Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo...
Si veis un hombre distinto,
matadlo.

¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.

Recitado por Asier Etxeandia