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Luis Antonio de Villena (1951)

Retrato de Pablo Vázquez Rodríguez tomado de Todoliteratura

Luis Antonio de Villena

«Primero escribí ensayos porque quería ser sabio y luego poesía».

«Es un fraude la vida, un engaño terrible, indigno».

«Vivir, sentir, gozar. Sin más problemas».

«Que toda vida que se vive plena es vida para el escándalo».

  DILETTANTE  
(Marginados, 1993)
[Autorretrato, belleza, deseo, erotismo, homosexualidad]

Imagen de fondo tomada de pxfuel.com

  QUERUBES  
(El viaje a Bizancio, 1976)
[Belleza, deseo, erotismo, amor, homosexualidad]

Imagen de fondo: dibujo a partir de una imagen encontrada en Google

  SED PAGANA  
(Hymnica,  1979)
[Belleza, deseo, erotismo, homosexualidad]

Yo miraba aquella noche arder la maravilla.
Os veía abrazándoos, bebidos, tan jóvenes los dos,
bailando entrelazados, alegres, entre la música
festiva y la entibiada luz de un lugar clandestino.
Observaba los ojos cariñosos, el biselado exacto
de los cuerpos tersos -serían apenas diecisiete años-
el fogoso frescor de pestañas y labios. En ambos
la hermosura. La indolencia natural de lo perfecto.
Y pensaba, mirándoos, que mi placer de belleza
y de ginebra no iba desinteresado con la envidia.
Que debía sufrir, claro, por no participar en ese reino.
Pero miraba y era deleite solo vuestra danza,
deseo vuestras ondas de euritmia jovencísima.
Y pensé: No buscamos el logro, anhelamos deseo.
Que no es la fuente solo, sino la sed que invita.
De pie en el antro penumbroso, sumido entre la música,
yo miraba aquella noche arder la maravilla.

Recitado por el propio autor

  EL ENGAÑO DE LOS CUERPOS EN DÍAS DE VERANO  
(Huir del invierno, 1981)
[Belleza, deseo, erotismo, amor, desamor, nostalgia, sexo, homosexualidad]

Imagen de fondo tomada de Pixabay

  ESA QUERIDA ATMÓSFERA DE TANGO HACIA LAS TRES  
(Huir del invierno, 1981)
[Desamor,  soledad, homosexualidad]

Imagen de fondo tomada de Pinterest

  LA NAVE DEL CREPÚSCULO  
(Asuntos de delirio,  1996)
[Deseo, droga, homosexualidad]

Era un chico con ojeras moradas
caído en el suelo de un portal de Chueca. Un caserón
enorme, feo.
Lloviznaba en la noche. El frío era impropio de la época.
«¿Necesitas algo?» Estaba muy pálido.
Los vaqueros en ruinas. Manchas en las manos. Una pupa en los labios.
«¿Puedo ayudarte?»
Estoy en el polo sur. No te preocupes.
Es un barco lleno de viejos, hacia el polo sur.
El cielo es blanco y el mar es blanco.
Las olas no hacen ruido. Y la tierra no zumba
Es el barco de los viejos vestidos de blanco.
Me gusta ¿sabes?
Estás en la vida, pero ya no hay vida.
Solo el mar blanco. Eternamente blanco hacia el polo sur…
¿Qué más, incluso tú, puedes pedir?

Recitado por el propio autor

Recitado por el propio autor con música de Andy Chango

Manuscrito de Luis Antonio de Villena. Imagen tomada de la Fundación Juan March

ANEXOS

Si te ha gustado Luis Antonio de Villena y quieres saber más de él, puedes visitar su página personal:


En este vídeo, Luis Antonio de Villena habla de su poesía:




Ángel González (1925-2008)

Retrato de Álvaro Delgado tomado de Música y Poesía

Ángel González Muñiz
PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS 1985
PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA 1996

  PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ  
(Áspero mundo, 1956)
[Autorretrato, identidad, frustración, angustia]

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan solo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

Recitado por Joaquín de la Buelga

Musicado por Pau Sala y Paula Sola

  AQUÍ, MADRID, MIL NOVECIENTOS CINCUENTA Y CUATRO  
(Áspero mundo, 1956)
[Autorretrato, frustración, soledad, hastío]

Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes —y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...—

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

—Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto—.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Explicado y recitado por el propio autor

  DATO BIOGRÁFICO  
(Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, 1977)
[Autorretrato, rareza]

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
—por oscuras razones—
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,
les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que —lamento decirlo—
hablan poco en favor de esos ortópteros.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Joaquín de la Buelga

  AYER  
(Sin esperanza, con convencimiento, 1961)
[Paso del tiempo, recuerdos, nostalgia, tristeza]

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido.
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

  ME BASTA ASÍ  
(Palabra sobre palabra, 1965)
[Amor]

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
                                                    entonces,

si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
                                 Oigo
constelaciones: existes.
                                     Creo en ti.
                                                      Eres.
                                                              Me basta).

Recitado por el propio autor. Guitarra: Paco de Lucía

Recitado por Tomás Galindo

Musicado y recitado conjuntamente por Pedro Guerra y el propio autor

  INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR  
(Tratado de urbanismo, 1967)
[Amor, erotismo, denuncia]

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
—sin interés alguno—
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿A dónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

Recitado por el propio autor

Explicado y recitado por el propio autor

Recitado por Tomás Galindo

Recitado por Joaquín de la Buelga

  A MANO AMADA  
(Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, 1977)
[Amor, desamor, recuerdos]

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Recitado por el propio autor. Videopoema creado por Antártica poética (Carlos Bustamante)

Recitado por Joaquín de la Buelga

Recitado por María Dolores Rosique para KAKVencasa

ANEXOS

Apostaría a que la poesía de Ángel González te ha sorprendido y mucho. Si es así, sigue disfrutando de ella. En este vídeo, encontrarás una antología personal recitada por el propio autor. Toda una joya que no te puedes perder.


Este otro contiene completo el disco La palabra en el aire: poemas de Ángel González recitados por el propio autor y musicados por Pedro Guerra.


Si quieres conocer cómo se inició Ángel González en la poesía, no dejes de ver este otro vídeo.


Y este último es el homenaje que le rindió Joaquín Sabina en su canción Menos dos alas. ¿Quieres saber el por qué del título? Descúbrelo escuchando la canción.



Dionisio Ridruejo (1912-1975)

Retrato tomado de El Mundo

Dionisio Ridruejo Jiménez

«Gracias a Dios, aún le queda a uno decoro para alistarse entre los derrotados».

«Ya no tengo la exagerada juventud de otros años para esperar el milagro de cada día».

  FRAGMENTOS DE UMBRAL DE LA MADUREZ (ELEGÍA DESPUÉS DE LOS TREINTA AÑOS)  
(Elegías, 1948)
[Frustración, desesperanza, nostalgia, recuerdos]

Recuerda, camarada, aquellos días que nos están envejeciendo,
aquellos que han anticipado nuestra desalentada prudencia.
No llores, no maldigas, no te vuelvas airado contra tu corazón.
No era ciertamente la vida lo que se te ha escapado de las manos
como el agua, como el aire o como el fuego
dejándote en cenizas.
Era menos y más que la vida
era el resol de eternidad que solo al joven le es dado entrever,
porque solo él sabe que el tiempo es corto y el espacio pobre
cuando su corazón ha creado otro reino distinto.
Lo sabe y lo propone negándose a la vida,
viviendo en su morada de espejos y creando
con barro de la nada el cosmos de una sospecha que ignora.
Porque el joven todavía no es hombre.
Todavía late unido a la milagrosa placenta,
todavía es un dios, pero un dios desterrado
que sigue soñando y con su sueño maravilla al destierro.
No llores, no maldigas; recuerda simplemente.
Puesto que ya eres hombre, compórtate como hombre
y recuenta los hechos ligándote a tu vida.
Recuerda aquellos días: morir era tan bello
como vivir:
vida y muerte eran fuente de glorias semejantes.
Recuérdalo; era cierto:
los verbos te servían como caballos de combate,
los adjetivos no llegaban a teñir del color verdadero tus cimeras
y los nombres eran puros clarines
sin dependencia de los objetos.
Recuérdalo: creabas; tu voz iba a las aguas extendidas
y emergían alegres continentes impacientes de ser
o se abrían caminos para que los cruzase el pueblo de Dios.
Y tú ibas con el pueblo llevando tu bandera,
pero ninguna compañía alcanzaba a turbarte,
porque todas las almas estaban en la tuya.
Recuerda solamente:
tus sentidos eran como celdillas de colmena;
cada sabor y cada luz, cada sonido,
cada dureza o extensión y cada aroma
hallaban aposento a su medida
y el todo era un puro embeleso geométrico
que destilaba miel hacia tu corazón.
Había, sí, dolor punzante e ira sagrada
y también confusión, perplejidad y horror,
pero eran como pasmos que injertaban misterio
y espuelas que incitaban el salto a una potencia perseverante.
¡Qué maleables eran la riqueza y el lujo!
¡Qué dóciles el hambre, el amor y el poder!
Una orden levantaba su castillo
y tu fiereza generosa
apaleaba a la humanidad para llevarla a su cercado.
¡Oh castillos del aire!
Luchabas, sí, luchabas.
Recuerda solamente.

[...]

La vida es, camarada…
Pero ahora recuerda, solamente recuerda.
Sea tu compasión sin llanto y sin reproche,
y sea, sobre todo, sin magisterio vano.
No clames tu experiencia.
Es tiempo de silencio y destreza piadosa.
Sobre todo no quieras escarmentar ahora
al que viene detrás y va por su camino.

¡Oh!, no enseñes al joven;
no le digas mostrando tu pequeña impotencia:
«Mirad, jóvenes, esta, la verdad de la vida».
Que no sepan por ti… Pero no sabrán nada;
sus ojos no te ven, sus oídos no escuchan.
Míralos como llegan aureolados, puros:
aquel que se dispone como tú en otro tiempo
a vestir castamente la armadura,
y aquel que viene envuelto
en un manto de nieblas melancólicas, chispeando sus ojos,
y aquel que se ha vestido las mallas delicadas del placer sin cautela.

Ellos sabrán por sí y a costa de su sangre.
Que transiten sin huella su pavimento de diamante virgen,
que impongan el esquife de oro a las ondas bravías,
que no emplome sus alas la prudencia ni el desengaño.
No ahorres dolor al que aún es omnipotente.
Tú sigue tu camino, construyendo,
hora a hora, brote a brote, grano a grano, alma a alma,
el penoso edificio de tus realidades.
Cree, espera y recuerda,
recuerda solamente, porque el recuerdo es claro,
y como piedra oculta va haciéndote en un ser indestructible.

Y si has de llorar vertiendo las cenizas de tu sangre
sobre las cenizas del empeño maltrecho y remoto
busca la soledad y ríndete en silencio.
Clama a tu corazón de rodillas: ¡Dios mío!

Recitado (completo) por Celes Bustos


Rafael Alberti (1902-1999)

Retrato tomado de La Biciteca

Rafael Alberti Merello
PREMIO MIGUEL DE CERVANTES 1983 

  EL TONTO DE RAFAEL  
(El alba del alhelí, 1927)
[Autorretrato]

Por las calles, ¿quién aquel?
¡El tonto de Rafael!

Tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo.
Mal pollito colipavo,
sin plumas, digo, sin pelo.
¡Pío-pic!, pica, y al vuelo
todos le pican a él.

¿Quién aquel?
¡El tonto de Rafael!

Tan campante, sin carrera,
no imperial, sí tomatero,
grillo tomatero, pero
sin tomate en la grillera.
Canario de la fresquera,
no de alcoba o mirabel.

¿Quién aquel?
¡El tonto de Rafael!

Tontaina, tonto del higo,
rodando por las esquinas
bolas, bolindres, pamplinas
y pimientos que no digo.
Mas nunca falta un amigo
que le mendigue un clavel.

¿Quién aquel?
¡El tonto de Rafael!

Patos con gafas, en fila,
lo raptarán tontamente
en la berlina inconsciente
de San Jinojito el lila.
¿Qué runrún, qué retahíla
sube el cretino eco fiel?

¡Oh, oh, pero si es aquel
el tonto de Rafael!

Musicado por Rosa León

Musicado por La Última Colmena

  MI CORZA  
(Marinero en tierra, 1925)
[Muerte, tristeza]

Mi corza, buen amigo,
mi corza blanca.

Los lobos la mataron
al pie del agua.

Los lobos, buen amigo,
que huyeron por el río.

Los lobos la mataron
dentro del agua.

Y he aquí la brevísima cancioncilla anónima del siglo XV en la que se inspiró Alberti:

En Ávila, mis ojos,
dentro en Ávila.

En Ávila del Río
mataron a mi amigo,
dentro en Ávila.

Recitado por Lauren Postigo y musicado

Recitado por Nuria Espert. Podcast tomado de Proyecto aula

  ¡QUÉ ALTOS!  
(Marinero en tierra, 1925)
[Nostalgia, mar]

¡Qué altos
los balcones de mi casa!
Pero no se ve la mar.
¡Qué bajos!

Sube, sube, balcón mío,
trepa el aire sin parar:
sé terraza de la mar,
sé torreón de navío.

-¿De quién será la bandera
de esa torre vigía?

-¡Marineros, es la mía!


  EL ÁNGEL DESCONOCIDO  
(Sobre los ángeles, 1929)
[Identidad]

Imagen de fondo tomada de Pixabay

  EL MAL MINUTO  
(Sobre los ángeles, 1929)
[Dolor, frustración]

Imagen de fondo tomada de Pixabay

  GALOPE (A GALOPAR)  
(De un momento a otro, 1937)
[Lucha, libertad]

Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

Recitado por el propio autor y musicado por Paco Ibáñez (también canta Rafael Alberti)

Recitado por Moisés de las Heras Fernández

  SE EQUIVOCÓ LA PALOMA  
(Entre el clavel y la espada, 1941)
[Confusión, búsqueda]

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)
Dibujo de Rafael Alberti. Imagen tomada de Pinterest

Recitado por el propio autor

Recitado por Pablo Béjar

Musicado por Joan Manuel Serrat y Ana Belén

Musicado por Diego «El Cigala»

  RETORNOS DE UNA SOMBRA MALDITA  
(Retornos de lo vivo lejano, 1952)
[España]

Imagen de fondo: dibujo de Rafael Alberti tomado de pepeolivercabrera.blogspot.com

  CANCIÓN 8  
(Baladas y canciones del Paraná, 1954)
[España, nostalgia]

Imagen tomada de pepeolivercabrera.blogspot.com

Recitado por el propio autor

  SE PROHÍBE HACER AGUAS  
(Roma, peligro para caminantes, 1968)
[Rareza]

Verás entre meadas y meadas,
más meadas de todas las larguras:
unas de perros, otras son de curas
y otras quizá de monjas disfrazadas.

Las verás lentas o precipitadas,
tristes o alegres, dulces, blandas, duras,
meadas de las noches más oscuras
o las más luminosas madrugadas.

Piedras felices, que quien no las mea,
si es que no tiene retención de orina,
si es que no ha muerto es que ya está expirando.

Mean las fuentes... Por la luz humea
una ardiente meada cristalina...
Y alzo la pata... Pues me estoy meando.

Recitado por el propio autor

Puedes encontrar un poema más de Rafael Alberti en el anexo «Poesía de fútbol».


ANEXO

Dibujos de Rafael Alberti. Imagen tomada de pepeolivercabrera.blogspot.com